Los equipos de trabajo, las empresas y algunos proyectos buscan implementar procesos de innovación constante, con el fin de dar respuesta a la alta competitividad, la demanda de los usuarios y los cambios frente a la transformación digital, de allí que la metodología Design Thinking haya ganado terreno en diversos campos.

Su popularidad se debe a que busca crear productos, servicios o diseñar proyectos que rompan con la monotonía del mercado, partiendo de la innovación y la creatividad, y aprovechan las habilidades de las personas que conforman los equipos.

Esta disciplina, que también se traduce como “pensamiento de diseño”, se enfoca en resolver los problemas de los usuarios y los clientes, a partir de la creación de equipos ágiles, creativos e innovadores.

“Design Thinking es un proceso para la resolución de problemas, que es el propósito de cualquier proyecto de diseño (en caso de que lo olvidemos). Design Thinking pone algunos parámetros alrededor de ese proceso y te ayuda a identificar mejor cuál es el problema y algunas soluciones creativas y óptimas para ese problema” (Hernández, 2018).

Su objetivo es entender primero cuál es la problemática a resolver, para luego ir hacia su solución de manera creativa y constante. En otras palabras, es un proceso con etapas en las que cada una tiene un objetivo y un abordaje que devuelve información concreta para poder tomar decisiones que mejoren los procesos (Lopatín, tomado de La nación, 2018).

En muchas ocasiones, las empresas crean productos o servicios que resultan inservibles y rápidamente obsoletos para lo que fueron creados, por lo que no alcanzan a tener el impacto que se espera de ellos.

Tim Brown, creador de esta tendencia, asegura que si se adopta una manera distinta de ver un diseño, sin centrarse en el objetivo y más en el Design Thinking, se podrían ver mejores resultados en los productos que se elaboran (Ted, 2009).

Así mismo, él asegura que lo que debe producir esta metodología son “cambios” en nuevas ideas y nuevas alternativas. Donde en vez de volver al enfoque normal, se pueden hacer mejores elecciones, con nuevos caminos y alternativas que no han existido antes.

Para implementar esta metodología, se debe tener en cuenta las emociones de las personas a las que se dirige el producto, entender que la problemática puede cambiar, tener un equipo de trabajo que pueda identificar errores y problemáticas alrededor de la solución, además de establecer un proceso de creación enfocado en lo visual.

La metodología más usada para su desarrollo, se basa en cinco etapas claves para lograr los objetivos que se esperan (Código nexo, 2018):

  1. Empatiza: lo primero que se debe hacer es conocer al consumidor/cliente, de manera que podamos conocer las motivaciones de estos, convirtiéndolas en nuestras. Con esta información se puede crear el mapa de empatía, el cual nos permite pasar de segmentos de clientes a personas, para conseguir una mejor compresión de quiénes son los clientes y cuál es su entorno.
  2. Definir: una vez se haya entendido al cliente, se debe definir el problema y el objetivo central a solucionar. La información recolectada en empatizar permite enfocar el trabajo desde diversas perspectivas, encontrando el valor a ofrecer y los obstáculos a superar.
  3. Idear: luego de haber identificado los problemas, hábitos y necesidades de los clientes, se debe empezar a pensar en soluciones. En este caso es fundamental tener la mente abierta para ofrecer soluciones innovadoras que ofrezcan soluciones reales y diferentes.
  4. Construir prototipo: este paso permite convertir ideas en algo tangible, construyendo sobre la inteligencia y el conocimiento funcional de los demás, plasmando las ideas en algo concreto y que sea viable. Este paso es fundamental, ya que permite que los usuarios validen la solución.
  5. Evaluar: como actividad paralela a la construcción del prototipo, se debe evaluar la creación, para conocer si esta ofrece lo que el consumidor realmente está buscando y si están dispuestos a pagar por ellos. La opinión del cliente es fundamental para saber si la propuesta de valor o solución es acertada.

Y aunque estos son los pasos principales, algunos expertos creen necesario agregar las fases de elegir e implementar. “Elegir” hace referencia a seleccionar el diseño que acompañará al prototipo, mientras “implementar” es realizar el lanzamiento del producto para que otros lo prueben y aprender de esto. Este último se puede tomar como un paso intermedio entre prototipo y evaluar.

Con el producto que crees, podrás acercarte al usuario final, logrando ver el problema desde diversas perspectivas para que se puedan crear soluciones que satisfagan las necesidades del cliente.

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Referencias:

Código nexo. (2018). Cómo aplicar la metodología del Design Thinking a tu empresa. Codigonexo. Recuperado de https://www.codigonexo.com/blog/marketing-digital/aplicar-la-metodologia-del-design-thinking-empresa/

Hernández, Ignacio. (2018). 7 pasos para aplicar la metodología Design Thinking. Kineo. Recuperado de http://www.kineo.com/la/blog/breve-gu-a-para-implementar-la-metodolog-a-design-thinking

La nación. (2018). Qué es el design thinking, el método para innovar que usan las grandes empresas. La nación. Recuperado de https://www.lanacion.com.ar/2132961-que-es-el-desing-thinking-el-metodo-para-innovar-que-usan-las-grandes-empresas

Ted. (2009, spetiembre, 30). Tim Brown urges designers to think big [Archivo de video]. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?time_continue=966&v=UAinLaT42xY

Escrito por: Astreed Jullieth Valderrama