Innovación y economía del conocimiento

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Innovación y la economía del conocimiento

La sociedad actual crea riqueza a partir de la producción de conocimiento, algo intangible pero transformador. El conocimiento es la base del valor agregado de un producto, lo que hace que se diferencie de los demás porque cambia las expectativas que tenemos hacia él. Es por eso que, por ejemplo, los caficultores colombianos reciben tan sólo el 3% del precio final que paga el consumidor por una taza de café en cualquier cafetería del mundo.

El 97% del dinero va a quienes hacen investigación aplicada, utilizando el conocimiento para generar valor, desde la ingeniería para la producción sistematizada del grano, hasta los estudios de mercado y ventas, la publicidad, etc.

A esto se suma que, en un mercado global, ofrecer un producto diferente y ser competitivo es cada vez más difícil, pues las barreras arancelarias se están derrumbando, y hay una gran gama de productos a disposición del consumidor.

Ahí es donde entra el valor agregado a jugar un importante papel. Sin generar valor, la empresa no logrará ser competitiva y rentable a largo plazo.

Conocimiento aplicado

Alguna vez escuché decir que en Colombia vendíamos bananos para comprar carros. Quien lo dijo hacía una caricatura horrible de nuestro comercio exterior, pero apunta hacia un hecho verdadero: nuestras exportaciones se apoyan en principalmente en recursos naturales, muchas veces crudos, sin procesamiento alguno, y nuestras importaciones incluyen productos que se caracterizan por el conocimiento aplicado, como computadores y aparatos electrónicos, automóviles, etc.  

Según datos del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, el comercio bilateral entre Colombia y Corea del Sur para el año 2008  fue así:

Exportamos un total de 113 millones de dólares, que incluyen:

·      Café 48%

·      Metalúrgica (desperdicios y desechos de cobre, aluminio y acero, etc.) 19%

·      Ferroníquel 18%

·      Químicos (fungicidas, medicamentos, polipropileno, etc.) 9%

Importamos 919 millones de dólares, representados en:

·      Vehículos y sus partes 35.1%

·      Maquinaria 25.8%

·      Químicos: 21.2% (plásticos, detergentes)

·      Metalúrgica 11.2% (hierro, acero)

La balanza comercial se inclina en 806 millones de dólares a favor de los coreanos. Pero el factor diferencial es el conocimiento que aplicamos en la transformación de nuestros productos de exportación. Si contemplamos eso, se puede preguntar si de verdad estamos jugando bien en el plano económico.

Contexto colombiano

Este ejemplo es significativo pues Colombia se negoció un Tratado de Libre Comercio con el país asiático, y sólo nos vimos beneficiados de forma significativa gracias a la generación de valor agregado a nuestros productos y servicios. Aunque Corea sólo fue capítulo más del comercio exterior colombiano, es un modelo de desarrollo y avance tecnológico que ejemplifica perfectamente hacia dónde tiende la economía y los negocios del siglo XXI.

Colombia vive un auge en el sector minero-energético: exportamos petróleo, carbón, oro y esmeraldas. Somos ricos en recursos naturales, pero ¿por qué no transformarlos para crear algo con valor agregado?

Óscar Eduardo Medina Arango, Director Maestría en Administración Universidad EAFIT, señala al respecto que “los países más competitivos del mundo no son aquellos que se dedican a exportar principalmente commodities, como lo hace Colombia, en donde el 70% de las ventas al exterior está en cuatro productos: petróleo, carbón, ferroníquel y oro”.

Nunca será lo mismo exportar esmeraldas tal cual salen de la mina que joyería de lujo. Lo segundo es mucho más rentable pues tiene valor agregado, pero requiere conocimiento. Hay que investigar los materiales y las tendencias del mercado, el diseño y la comercialización de la joyería de lujo.

Y ¿qué pasa con las minas de oro?

“Nuestras minas de oro no deberían ser para exportar oro solamente, deberían ser para exportar joyería, producto básico transformado, con valor agregado. Por ejemplo, Singapur y Corea del Sur, quienes hace 40 años tenían menor nivel de desarrollo que Colombia, hoy son los principales exportadores de bienes y servicios de valor agregado”, apunta Medina.

De igual manera, la bonanza de petróleo hace que nuestra economía crezca, pero la investigación en energías renovables, por ejemplo, sería una apuesta mucho más rentable a largo plazo. EMP ha trabajado en este tema, pero aún hay falta camino para que la energía hidroeléctrica o eólica jalone nuestra economía.

Hoy en día, el factor común en las companías y países competitivos es el conocimiento, algo intangible pero transformador. Este conocimiento es la fuente del valor agregado, lo que induce un cambio en las condiciones establecidas e impone nuevos paradigmas.

Dicho valor agregado es algo que no se espera, algo que nos toma por sorpresa y hace que tengamos que mirar dos veces: nos atrapa porque parece imposible, como una piscina que desaparece en dos minutos y un casco invisible.

Productos increíbles

El Hövding es un casco para ciclistas bastante fuera de lo común. A la vista, puede parecer un collar o hasta una bufanda, pero en caso de un accidente, se abrirá como una bolsa de aire, rodeando la cabeza del ciclista y protegiéndolo de la caída. No cubre la cara de quien lo lleva y por eso se conoce como “el casco invisible”.

Fue creado en Suecia por un equipo de ingenieras que aplicaron conocimientos de  diseño e ingeniería para crear un producto de calidad con alto valor agregado. Luego el casco se sometió a estrictas pruebas de que certifican que es un producto ergonómico y seguro. Además tiene diseños llamativos que lo convierten en un accesorio de moda.

Otro ejemplo son las piscinas de la empresa estadounidense Hidden Pools (piscinas escondidas) que cuentan con un sistema que les permite ajustarse a cualquier altura, incluso hasta desaparecer totalmente dejando un patio en el que uno se puede sentar o hacer un asado, por ejemplo.

Tienen la ventaja de ahorrar agua y espacio, además de ser seguras y versátiles, pues el sistema permite  graduar la temperatura y la altura del agua, haciéndola perfecta para personas de todas las edades. De hecho, el creador de la piscina, Stefan Kanetis, la diseñó para que su madre que sufría de artritis pudiera beneficiarse de un tratamiento con agua caliente.

El poder de lo simple

Estos ejemplos son bastante impresionantes, pero el valor agregado puede residir en un producto mucho más simple. Imagínese que usted necesita un odontólogo, y conoce uno que le ofrece una tarjeta profesional doblada, y cuando la abre parece una boca abierta. Seguro se acordará de este detalle y por supuesto del odontólogo.

Esa tarjeta, diseñada por la empresa de antioqueña La Coctelera, demuestra que la innovación de un producto no es una cuestión de complejidad tecnológica ni mucho menos de dinero. Innovar cuestión de pensar más allá de lo obvio de un producto o servicio, cuestionar lo que damos como establecido para ellos e imaginar un cambio posible.

Hay que investigar cómo hacer posible el cambio, y aplicar el conocimiento obtenido para materializar la idea, generando valor agregado al producto o servicio, que ahora cumple con más de lo que se espera en términos de calidad y utilidad. Es querer más que eso, no conformarse con lo habitual. Por más simple que sea la innovación introducida, cambia lo que dábamos por cierto y sorprende.

La innovación es el factor determinante en los modelos industriales y de negocios en la sociedad actual. La competitividad de una empresa o de un país, y su capacidad para genera riqueza está determinada por el conocimiento que es capaz de aplicar para generar innovación en sus procesos, productos y servicios.

Nuestras empresas, y nuestro país deben incorporar la innovación en sus estrategias. Puede que no sea tan dramático como vender bananos para comprar carros, pero es evidente que el valor agregado es asunto central del  juego económico, y que el valor se origina en el conocimiento, que es el factor que inclina la balanza.

Innovación y la economía del conocimiento
Autor: Minuto de Dios

Autor: Minuto de Dios

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